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HISTORIA
La
historia de Edgardo Vaz como joyero y matricero tiene sus raíces en su
padre, Anselmo Vaz, quien en el año 1943 llegó a Montevideo a trabajar
en la firma Tammaro*, la que fundada en 1888, contaba ya con una larga trayectoria en los medios
comerciales y artísticos nacionales, como la más prestigiosa empresa
acuñadora del Río de la Plata.
El
Sr. Tammaro vino de Italia, con su oficio de matricero, en viaje de
inmigración a Buenos Aires, pero al pasar por Montevideo, se sintió
cautivado por la ciudad y decidió radicarse en esta tierra.
Aquí
fundó su taller, y en él durante años, primero solo y luego ayudado
por su hijo Jerónimo, se dedicó al arte de abrir cuños y estampar
medallas, creando una verdadera escuela nacional en este arte.
Pasaron
por la casa Tammaro por razones de trabajo, los escultores de mayor
renombre, José Belloni y José Luis Zorrilla de San Martín entre
otros, y casi no existió acontecimiento nacional de importancia que
no hubiera sido conmemorado con piezas acuñadas en su taller.
En
ese exquisito ambiente de artistas y escultores, Anselmo, el padre de Edgardo
se convirtió en uno de los acuñadores más renombrados del país,
siendo el esmaltado de piezas de joyería una de sus
mejores cualidades artísticas.
A
finales de la década del ´60 la familia Tammaro se aleja de la empresa
y poco tiempo después Don Anselmo Vaz pasa a ser el principal director
de Tammaro S.A.
Edgardo
reparte el tiempo, durante su infancia y juventud, entre sus estudios y el
taller de la empresa Tammaro, donde se compenetra con el funcionamiento
global del mismo.
Comienza
a conocer y manejar cada máquina, cada herramienta, y también acompaña
a su padre en las visitas a los clientes, lo que le brinda la
posibilidad de obtener una gran experiencia en ventas.
Aunque
su preferencia está en la escultura,(grabado
de cuños) y allí apunta toda su creatividad,
logrando una hermandad envidiable con los cinceles, los escarpillos, y
los buriles, todas herramientas utilizadas en la escultura en acero.
A
partir del año 1977 el Sr. Anselmo Vaz se desvincula de la empresa
Tammaro, pasando a retiro, y entonces Edgardo comienza su propia
historia confeccionando matrices a los joyeros, tarea que lo iría
introduciendo en forma luego definitiva en el mundo de la confección de
alhajas y
otras piezas artísticas y de orfebrería.
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Bibliografía consultada:
Musso,
Luis Alberto. Uruguay-Brasil y sus medallas, 1976. Pág. 180.
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